Electrolitos: por qué no basta con beber agua

Durante años se nos ha repetido una idea muy simple: [...]

Durante años se nos ha repetido una idea muy simple: hay que beber más agua. Y aunque hidratarse es importante, la fisiología humana es bastante más compleja que eso. Nuestro cuerpo no funciona solo con agua: funciona con agua y electrolitos.

Los electrolitos son minerales con carga eléctrica, como el sodio, el cloruro, el bicarbonato, el potasio o el magnesio. Gracias a ellos puede funcionar el sistema nervioso, el músculo se puede contraer, el corazón mantiene su ritmo, el cuerpo regula bien el volumen circulante y el equilibrio ácido-base se sostiene. Sin electrolitos, no hay buena hidratación funcional. (medlineplus.gov)

El cuerpo no guarda “agua pura”

En ninguna parte del organismo almacenamos agua aislada, vacía y sin minerales. El agua corporal siempre forma parte de un medio biológico con solutos. El líquido extracelular —el que rodea las células y forma parte del plasma— es especialmente rico en sodio, cloruro y bicarbonato. En cambio, dentro de la célula predominan más el potasio, el magnesio y los fosfatos. (ncbi.nlm.nih.gov)

Esto ya nos da una pista importante: no basta con meter agua, hay que mantener la calidad mineral del medio interno.

El dato que ayuda a entenderlo: el suero fisiológico

Cuando una persona está en un hospital y necesita una perfusión básica, no se le pone agua por vena. Se le pone suero fisiológico al 0,9%, es decir, 9 gramos de cloruro sódico por litro, con aproximadamente 154 mmol/L de sodio y 154 mmol/L de cloruro. (ncbi.nlm.nih.gov)

Este dato no significa que toda el agua que bebemos deba llevar siempre esa misma concentración. Eso sería una simplificación incorrecta. Pero sí sirve para entender algo esencial: el medio extracelular humano no es agua pura. Está eléctricamente activo y necesita una composición mineral concreta para funcionar bien.

Cuánto electrolito hay realmente en sangre

En medicina, los electrolitos no se expresan en “porcentajes”, sino normalmente en mmol/L o mEq/L. De forma orientativa, los valores plasmáticos habituales son:

· Sodio (Na⁺): 135–145 mmol/L

· Cloruro (Cl⁻): 94–111 mmol/L

· Bicarbonato (HCO₃⁻): 22–27 mmol/L · Magnesio (Mg²⁺): 0,8–1,0 mmol/L (medlineplus.gov)

Si los traducimos a masa aproximada por litro, para hacerlos más intuitivos, hablamos de un plasma que contiene del orden de:

· Sodio: unos 3,1–3,3 g/L

· Cloruro: unos 3,3–3,9 g/L

· Bicarbonato: unos 1,3–1,6 g/L · Magnesio elemental: alrededor de 0,02 g/L (medlineplus.gov)

Esto explica por qué el cuerpo humano necesita algo más que agua para mantenerse estable: necesita agua con valor fisiológico, es decir, agua en equilibrio con minerales.

Y aquí tenemos exactamente la composición del plasma humano.

Como veis hay exactamente la misma cantidad de cationes y de aniones, para que haya equilibrio. Y si observamos el anión y el catión que tenemos en más cantidad son el Sodio y el Cloruro, que juntos forman el cloruro de sodio, comúnmente llamado sal.

Para qué sirven los electrolitos

Los electrolitos participan en funciones tan básicas como:

  • mantener el equilibrio hídrico
  • regular la presión osmótica
  • permitir la transmisión nerviosa
  • favorecer los latidos del corazón
  • sostener la contracción muscular
  • ayudar al equilibrio ácido-base
  • conservar un buen volumen circulante (gov)
  • en conclusión: favorecer que el organismo funcione de manera óptima

Por eso, cuando ese equilibrio se altera, pueden aparecer síntomas que hoy vemos con mucha frecuencia:

  • cansancio
  • mareo
  • niebla mental
  • cefalea
  • peor tolerancia al esfuerzo
  • palpitaciones
  • calambres
  • sensación de desregulación
  • pérdida de cabello
  • hipertensión arterial
  • problemas en los riñones
  • celulitis
  • desequilibrio en el organismo y por tanto predisposición a enfermarse por enfermedades agudas y crónicas

No siempre se deben a lo mismo, por supuesto. Pero entender el terreno mineral puede cambiar mucho la forma de mirar ciertos cuadros.

¿Qué pasa si bebemos mucha agua sola?

En una persona sana, el riñón regula muy bien el agua y los electrolitos. Pero hay contextos donde entra más agua libre de la que el cuerpo maneja bien, o donde se pierde demasiado sodio y no se repone si se bebe agua mineral solamente. En esas situaciones puede aparecer una dilución del sodio en sangre, es decir, una hiponatremia. (ncbi.nlm.nih.gov)

Esto no quiere decir que toda persona que beba mucha agua vaya a terminar con hiponatremia. No sería una afirmación correcta. Pero sí significa que el mensaje de “cuanta más agua, mejor” no es universal ni siempre es fisiológico. Hay momentos en los que el agua sola no basta. (iris.who.int)

Cuándo sí tiene sentido pensar en electrolitos

Hay situaciones en las que reponer electrolitos por vía oral tiene todo el sentido:

  • sudoración abundante
  • calor intenso
  • ejercicio prolongado
  • diarrea
  • vómitos
  • cuadros de deshidratación
  • personas que beben mucho y comen muy poco o muy bajo en sal

Entonces, ¿hay que poner sal al agua?

La respuesta prudente es: seguramente sí, pero no de cualquier manera y no igual para todo el mundo.

Aquí es importante no caer en extremos. Ni el agua sola es siempre suficiente, ni toda persona necesita convertir cada litro que bebe en una solución concentrada. Lo razonable es entender que hay personas y contextos en los que una hidratación con electrolitos puede ayudar mucho, pero debe hacerse con criterio, progresión e individualización.

Importante: hacerlo poco a poco

Si alguien quiere empezar a usar agua con electrolitos, conviene hacerlo de forma gradual. No es una práctica para hacer de golpe, ni con concentraciones altas desde el primer día. Si el cambio se hace demasiado rápido, pueden aparecer síntomas molestos como:

  • diarrea
  • más sed
  • malestar digestivo
  • retención de líquidos
  • incomodidad general

Además, la respuesta puede variar según:

  • tensión arterial
  • función renal
  • sudoración
  • dieta
  • medicación
  • estado de salud
  • sensibilidad individual

Por eso, si se usa, debe plantearse como una intervención progresiva y personalizada, no como una moda ni como una receta universal.

¿Y el agua de mar?

El agua de mar contiene aproximadamente 35–36 g de sales por litro, una concentración mucho más alta que la del plasma y también mayor que la de las soluciones orales de rehidratación. Por eso, si alguien la usa, no debería hacerlo como si fuera agua normal, sino mediante diluciones progresivas y bien pensadas. (PMC)

Sodio, cloruro, aniones y cationes

Nuestro cuerpo está formado por un delicado equilibrio entre cationes —iones con carga positiva, como sodio, potasio o magnesio— y aniones —iones con carga negativa, como cloruro o bicarbonato—. Esa interacción permite que exista vida eléctrica a nivel celular: impulso nervioso, función muscular, regulación osmótica y estabilidad del medio interno. (medlineplus.gov)

Por eso tiene sentido dejar de mirar el cloruro sódico solo como “la sal” y empezar a verlo también como lo que es: una pieza central del equilibrio extracelular.

Un matiz importante: sodio y cloruro no son radicales libres

Aquí conviene aclarar algo para no mezclar conceptos. El sodio y el cloruro no son radicales libres. Son iones esenciales. Un radical libre es una molécula o átomo con electrones desapareados, muy reactiva, capaz de participar en procesos de estrés oxidativo y envejecimiento celular cuando se acumula en exceso. (medlineplus.gov)

Por eso hay que ir con cuidado con las bebidas para deportistas o los suplementos, porque en numerosas ocasiones tiene solo sodio, y no tienen el anión cloruro, esto desestabiliza todavía más el equilibrio hidroelectrolítico y sigue sin ser una mezcla conductora del impulso eléctrico.

Dicho de forma sencilla:

  • iones = partículas cargadas, necesarias para la vida
  • radicales libres = moléculas muy reactivas, que pueden dañar tejidos si se descontrolan

No es lo mismo una cosa que la otra.

Ya es hora de perder el miedo simple a la sal

Durante años se ha transmitido un mensaje muy reduccionista sobre el cloruro sódico. Y aunque en algunos pacientes hay que vigilarlo de forma estricta, no se puede olvidar que el sodio y el cloruro son electrolitos centrales del medio extracelular humano. Demonizarlos sin contexto es tan poco útil como recomendarlos indiscriminadamente.

La clave no es tener miedo a la sal ni idealizarla. La clave es entender el contexto fisiológico.

En resumen

La hidratación real no depende solo de cuánta agua bebes, sino de si tu cuerpo mantiene un buen equilibrio entre agua y electrolitos. El organismo no trabaja con agua pura: trabaja con un medio mineralizado, eléctrico y finamente regulado.

Y aunque no todo el mundo necesita suplementar electrolitos ni hacerlo del mismo modo, sí conviene empezar a comprender algo básico: en la mayoría de situaciones el agua sola no basta. Y quizá parte del malestar moderno tenga que ver con que hemos simplificado demasiado algo que, biológicamente, nunca fue simple.

Si quieres entender mejor qué necesita tu cuerpo y cómo adaptar tu hidratación a tu momento vital, hacerlo de manera segura y con tranquilidad te acompaño en el proceso

Comparte el artículo